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Welsh Corgi Cardigan

  • Foto del escritor: Perros en Acción
    Perros en Acción
  • hace 20 horas
  • 7 Min. de lectura

Esta hermosa raza de perros boyeros, de origen británico, es una de las razas mas

difundidas en las zonas rurales de USA y gran parte del mundo.

Es un perro acondroplásico, lo que un mal manejo o nutrición desequilibrada pueden

generar inconvenientes en la columna.


Dentro las patologías más comunes que podemos mencionar tenemos:

-Displasia de caderas (ya desarrollada en publicaciones anteriores);

-Mielo Patía degenerativa;

-Atrofia retinal progresiva;

-Enfermedad de Von Willebrand;

Estas tres últimas de trasmisión exclusivamente genética y que afectan a todas las razas

caninas.

A continuación, desarrollaremos Mielo Patía degenerativa, dejando el resto de las

patologías para desarrollar en las próximas razas de nuestro calendario “Perros en Acción”.

La Mielo Patía Degenerativa canina (MD) es una enfermedad neurodegenerativa que afecta

a perros de mediana y avanzada edad, diagnosticada inicialmente en el Pastor Alemán, pero

que afecta muchas otras razas, entre ellas al Wellsh Corgi.

Lo que observaremos es un desorden medular en los perros adultos, de inicio insidioso y

curso lentamente progresivo. Muchos estudios consideraron diversas etiologías posibles de

MD sin poder esclarecer sus causas. Investigaciones recientes identificaron como causa

probable una mutación del gen SOD1 que codifica la Superóxido Dismutasa 1.

La MD fue descrita por primera vez por Averill en 1973, quien la caracterizó como un

síndrome de ataxia progresiva de los miembros pelvianos con debilidad asimétrica,

afectando más comúnmente a perros Pastor Alemán adultos y viejos.

Un gran número de estudios han considerado la posible etiología de MD, sin poder

esclarecer las causas subyacentes de esta enfermedad. Sin embargo, el reciente

descubrimiento de una mutación en el gen SOD1 ha provocado un punto de inflexión.

Antes de la identificación de la alteración genética que resulta en la mutación de la proteína

SOD1 y la consecuente alteración de su función, MD había sido asociada con numerosas

etiologías incluyendo deficiencias nutricionales y defectos autoinmunes

La sospecha de MD se establece ante un cuadro de ataxia propioceptiva general de los

miembros pelvianos, de inicio insidioso, carácter progresivo y frecuentemente asimétrico.

Estas características, que han sido los pilares del diagnóstico clínico. Los signos

predominantes en estas primeras comunicaciones eran sugerentes de una lesión con neural

con localización ente las vértebras torácicas y lumbares (T3-L3). Con la progresión de la

enfermedad, en su forma crónica se observa paraplejía con eventual compromiso de los

miembros torácicos. El curso de la enfermedad puede variar desde el inicio de los signos

clínicos, progresando a una paraparesia no ambulatoria entre los 6 y los 9 meses de curso

de la enfermedad.

En la etapa temprana la propiocepción consciente está afectada de forma uni o bilateral,

dependiendo de la severidad de la enfermedad. El examen de los reflejos espinales sugiere

enfermedad de MNS, con el reflejo patelar normal o exagerado. En la mayoría de los perros

afectados el reflejo flexor suele ser normal, o mostrar simultáneamente reflejo extensor

cruzado (signo de MNS). La función urinaria e intestinal suelen estar preservadas. La

progresión de la enfermedad no es una constante, y en unos pocos perros los signos clínicos

pueden estabilizarse después de la fase aguda. Sin embargo, la mayoría progresa a


paraparesia no ambulatoria y, especialmente los perros de razas grandes, suelen ser

eutanasiados

En la etapa tardía los signos clínicos cambian y el examen neurológico sugiere una lesión

de Motoneurona Inferior (MNI), con frecuente compromiso ascendente que involucra

también a los miembros. La paraparesia se hace más simétrica y evoluciona a tetraplejía

fláccida, con atrofia muscular neurogénica e hiporreflexia, que se desarrollan entre los 9 y

los 18 meses desde el inicio de la enfermedad. El compromiso de los miembros torácicos se

verifica entre los 14 y los 24 meses desde la aparición de los primeros signos. La severa y

extensa atrofia de los músculos apendiculares que se observa en esta etapa se ha atribuido

al desuso, aunque la flaccidez en los perros con enfermedad crónica sugiere fuertemente

que la atrofia es por denervación. Si el perro no es eutanasiado, también pueden presentarse

signos de tronco encefálico, tales como dificultad para tragar e incapacidad de ladrar, que

suelen aparecer entre los 24 y los 36 meses de comenzada la enfermedad. La alteración de

los esfínteres no es un signo clínico habitual, aun en el estadio final asociado a paraplejía.

Sin embargo, en algunos individuos se ha comunicado la presencia de incontinencia

urinaria y fecal, lo que se ha asociado a lesiones en el cordón dorsal de las regiones

toracolumbar y lumbosacra de la médula espinal que comprometen las vías sensoriales de

distensión colorrectales y vesicales

Diagnosticar la enfermedad es un verdadero desafío debido a que el espectro de signos

clínicos que presenta es común a muchas enfermedades, y a la ausencia de una prueba

complementaria específica. Un diagnóstico ante mortem adecuado se basa en la reseña y en

el reconocimiento del inicio y del patrón de progresión de los signos clínicos, acompañado

del cumplimiento de una serie de etapas diagnósticas para excluir otras patologías. Las

técnicas complementarias más utilizadas incluyen el análisis de LCR, las pruebas

electrodiagnósticas y los métodos por imágenes. A menudo, el diagnóstico presuntivo de

MD se establece en base a la ausencia de una mielopatía compresiva clínicamente

relevante, determinada por mielografía o mediante imágenes por resonancia magnética

(IRM). La IRM es especialmente útil para identificar trastornos intramedulares tempranos o

para evidenciar compresiones extradurales, como las que se producen en la enfermedad

discal protrusiva. Sin embargo, las imágenes, especialmente en perros adultos mayores,

revelan frecuentemente protrusiones discales que pueden confundir el diagnóstico de MD.

Se deben evaluar minuciosamente tales alteraciones en el contexto del cuadro clínico y

considerar particularmente la rapidez de la progresión de la enfermedad, la presencia de

hiperestesia paraespinal y el volumen de médula comprimida para poder estimar la

implicancia clínica del trastorno compresivo. Por estos motivos, las imágenes en general no

suelen aportar información concluyente en el diagnóstico de MD, excepto cuando se

caractericen por la ausencia de hallazgos positivos. En base a la hipotética presencia de

células supresoras en sangre periférica que causarían una respuesta deprimida a mitógenos,

se desarrolló la prueba de linfoproliferación in vitro como método complementario para

MD. La multiplicación de las células puede ser detectada por incorporación de precursores

de ADN como la tímida marcada con isótopos radiactivos, que permite obtener valores

normales para la especie, expresados como índices de estimulación. Esta prueba es

inespecífica, y en un estudio se comunicó que fracasó 2 veces en confirmar el diagnóstico

de la enfermedad, realizada con unos meses de diferencia, ante una MD verificada

posteriormente por histopatología.

Análisis genético


En 2009 se realizó un estudio genético donde se observó que los perros con MD

confirmada por histopatología eran homocigotas para una mutación de sentido erróneo en el

exón 2 del SOD1 canino, SOD1:c.118G>A, que predice una transición de G a A en el

nucleótido 118 en la SOD1 (Awano et al. 2009). En la actualidad existe una prueba de

ADN comercialmente disponible basada en esta mutación, desarrollada por el grupo de

investigación de la Universidad de Missouri. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la

identificación en un individuo de la homocigosis para el alelo mutante, aunque eleva el

índice de sospecha para ese animal en particular, no provee un diagnóstico específico

debido a que una proporción de perros homocigotas para la mutación SOD1 no desarrollan

MD

TRATAMIENTO

Los tratamientos que han sido utilizados hasta el momento fueron empíricos, sin un

enfoque basado en evidencia científica. Por ese motivo, en la actualidad no existe certeza

alguna de los efectos positivos de los tratamientos sintomáticos que se han propuesto, y por

lo tanto tampoco existe una modalidad terapéutica específica para el tratamiento de MD. Se

han utilizado diversas drogas inmunosupresoras, en base a la hipótesis inmunomediada en

relación a la etiología de MD. Se emplearon glucocorticoides, ciclofosfamida y azatioprina,

especulando que podrían enlentecer el progresivo deterioro en los perros afectados, aunque

ninguna de estas drogas tuvo un efecto positivo en el avance de la enfermedad. También se

postuló que la utilización de un agente anti-proteasa, el ácido épsilon amino caproico

(EACA), podía contribuir a aumentar los tiempos de evolución de MD (Clemmons 1991,

1992). Sin embargo, la evaluación de la eficacia al largo plazo de EACA y de N-

acetilcisteína en combinación con la suplementación de vitaminas B, C y E en los perros

afectados no mostró ningún tipo de efectividad. La fisioterapia ha sido recomendada

tradicionalmente en los casos de MD.

En la actualidad se reconoce que la fisioterapia y la aplicación de los principios de la

rehabilitación física pueden contribuir a mejorar la calidad de vida de los perros afectados

por MD, aunque no influyen en el pronóstico a largo plazo

CONCLUSIONES

La MD es una enfermedad neurodegenerativa que afecta animales adultos, de comienzo

insidioso y curso progresivo que afecta muchas razas de perros.

Los signos clínicos iniciales consisten en ataxia propioceptiva general y signos de MNS,

con paraparesia espástica ambulatoria. Más tarde, los signos clínicos pueden avanzar hasta

desarrollar tetraparesia fláccida y otros signos de MNI. El diagnóstico clínico de MD se

establece en base a la reseña, a los signos clínicos y a la ausencia de hallazgos positivos en

los exámenes complementarios. El diagnóstico definitivo se realiza mediante el examen

histopatológico. Los cambios observados consisten en degeneración axonal y mielínica

asociada en los tractos ascendentes y descendentes de todos los cordones medulares,

degeneración tipo walleriana y desmielinización en los nervios periféricos, y atrofia

muscular, fibrosis, aumento de la variabilidad de la forma y tamaño de las fibras

musculares, y alteración en la composición de los tipos de fibras. Recientemente se

comunicó una significativa disminución del número de neuronas en el cuerno ventral de la

sustancia gris medular en los perros afectados por MD, sin cambios en el tamaño de las

células. En relación a su etiología, estudios genéticos han revelado dos mutaciones del gen

canino SOD1 en perros afectados por MD, SOD1: c.118G>A y SOD1: c.52A>T, que

codifican la enzima SOD1. Las isoformas de la proteína SOD1 mutante, E40K y T18S, la

predisponen a la formación de agregados intracelulares, que le confieren propiedades


tóxicas. Sin embargo, existen algunos perros afectados por MD que no son homocigotas

para el alelo mutante SOD1: c.118G>A.

Se especula que podrían existir otras mutaciones en genes caninos ortólogos de los genes

humanos de ELA no asociados a SOD1 que estarían implicados en la etiopatogenia de la

enfermedad.

En la actualidad existe una prueba de ADN comercialmente disponible basada en la

mutación SOD1: c.118G>A. La identificación en un individuo de la homocigosis para el

alelo mutante, aunque eleva el índice de sospecha para ese animal en particular, no provee

un diagnóstico específico debido a que una proporción de perros homocigotas para la

mutación SOD1 no desarrollan MD. Por este motivo, en la actualidad se está investigando

el desarrollo de otros biomarcadores más específicos en LCR que sustenten el análisis

genético. La clusterina parece ser el biomarcador candidato más viable para MD. La

identificación de la mutación SOD1 ha establecido un enlace genético entre MD y ELA,

que transforma a MD en el primer modelo animal espontáneo de ELA.

Si bien las enfermedades genéticas son inevitables, nos advierten el futuro de nuestros

compañeros. Esto nos ayudará a prever las medidas necesarias para acompañar de la mejor

forma posible a nuestras mascotas.

Dr. Carlos Escudero

MP 408 Salta

MP 2196 Santa Fe

 
 
 

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