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ENTREVISTA CON MAURICIO DAL BON

HISTORIA EN PRIMERA PERSONA

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Mauricio Dal Bon

Don Mauricio Dal Bon nos recibe muy temprano, apenas después de que sus empleados levantaron las cortinas del local ubicado en el barrio de Flores. Está sentado del otro lado de la mesa que se encuentra centrada en el pequeño cuarto ubicado en el fondo de su negocio, para compartir con nosotros sus recuerdos.

 

Por: Alejandro Murzone

Foto: Silvina Stefano

 

Con sus dos manos descansando sobre su bastón comienza a contarnos sus recuerdos: “A mi papá, como buen Tano de aquellos tiempos, le gustaba mucho la cacería con perros, particularmente con “Pointers” porque eran sagaces para la búsqueda de la perdiz. Yo nací el 28 de julio de 1926 en la antigua ciudad de Porto Maurizio, Italia. Cuando llegamos a Buenos Aires tenía solo 5 años de edad, pero recien cuando cumplí 14 o 15 años empezó a llevarme con él para que lo escoltara llevando la bolsa de las perdices que cazaba.

Tiempo después comencé a ir a cazar a la localidad de Tres Lomas ubicada a 520 km., donde me quedaba 20 días o un mes. Día por medio le enviaba a mi papá, que estaba en Buenos Aires, una caja cerrada por encomienda llena de perdices, mi tía y mi mamá eran las que se encargaban de prepararlas en frascos de 30 litros. En esa época había mucha perdiz y la liebre era plaga.  En cambio cuando hacíamos Caza Mayor con mi primo era muy diferente, porque nos íbamos al sur donde teníamos que caminar mucho y a veces en 15 días no tirábamos un solo tiro”.

 

 

¿Qué perros utilizaban?

Al principio nuestros perros eran de raza Pointer de linaje medio dudoso, con el tiempo fui experimentando y descubrí que la habilidad del perro tenía que ver con su pureza. Me acerque a la Federación Cinológica Argentina donde me asesoraron y empecé a criar ejemplares con pedigrí bajo el afijo de “Kennel Del Plata” ; desde ese momento comencé a participar en las exposiciones de estructura y belleza. En una oportunidad viajé a Chile para participar en una exposición con mi perra llamada “Mina II del Plata” que era la campeona N° 1 y a la vuelta me traje de regalo una Kurzhaar que se llamaba “Ila Von Raren”, esta perra tuvo el registro numero 1 de la raza en la FCA.

 

 

 

¿Cuáles fueron las diferencias entre el Pointer Inglés y el Kurzhaar o Pointer Alemán?

Eran distintos, el Pointer alemán era un perro más metódico y tranquilo, el Pointer Inglés era un perro más corredor, más loco.

 

 

 

¿Había camaradería entre criadores en aquel momento?

Nosotros hacíamos una competencia llamada Copa sudamericana a la que venían participantes de Uruguay, Chile y Brasil. Éramos tan apasionados que nos peleábamos por los resultados, nos puteábamos, nos reputeábamos y después nos amigábamos nuevamente. Los perros unían amistades entrañables, como la que  tuve con el francés Mauricio Souques, que presentaba perros y era juez igual que yo. Él había venido a vivir a Chile como representante de Citroën. La cuestión es que  nos veíamos en cada encuentro perrero, donde  la convivencia se intensifica y más aún cuando íbamos de cacería. Hemos compartido tantas alegrías, tantas penurias y tanto tiempo, que solo el que sabe de esto puede entender el sacrificio. Con el francés llegamos a ser grandes amigos… (lágrimas)

 

Don Mauricio, no quiero que se ponga triste...

(Con la voz quebrada) Sabe lo que pasa, que son amistades de 50 o 60 años, amistades de toda una vida, donde se comparte la comida, el sueño y uno cuida del otro. Sacrificios que solo se hacen por un hermano y luego ver que se va, es muy doloroso…

 

 

 

Volviendo a los perros Don Mauricio ¿crío mucho?

Sí claro, imagínese que en esa época a las crías se les ponía el nombre en orden alfabético y con el Pointer iniciamos con la “a” y acabamos de criar cuando llegamos a la “z”. 

 

 

 

¿Cuándo empieza a participar en la Federación Cinológica Argentina?

Participé de todos los clubes de cazadores y cuando la Federación Cinológica Argentina estaba en Callao 750, el período en que el presidente era el Sr. Ricardo Patalano, el Pointer Club Argentino ingresa para formar parte de ella. Eran tiempos difíciles porque para pagar la luz nos cotizábamos entre todos los socios, teníamos que poner de nuestros bolsillos para mantener la institución.

 

 

 

¿Cuándo se mudan de la sede de Avda. Callao?

Cuando nos desalojan… por falta de pago, fue triste pero cierto. Entonces alquilamos una propiedad en la Av. Córdoba 1785 que pertenecía a la curia. En la galería de la planta baja, Humberto Pazos tenía el negocio “Kennel Confort”,  el también era cazador y tenía perros de la raza Kurzhaar junto a su mujer, Betty Pazos, quien había trabajado como cajera de la FCA.

 

 

 

¿Usted fue fundador del Kurzhaar Club Argentina?

Mire, fui uno del grupo fundacional del Club del Kurzhaar y después fui su presidente. También fui presidente varias veces del Pointer Club Argentino. Nos sentíamos muy orgullosos porque durante la presidencia del Sr. Marcelo Hernández pudimos comprar dos o tres lotes en General Rodríguez, para hacer el campo deportivo, con dinero del club. Allí había una casa a la que le hicimos varios dormitorios para la gente que venía del interior y también hicimos un quincho para reunirnos cuando realizábamos las pruebas de campo y las exposiciones de estructura y belleza. En ese tiempo íbamos todos los domingos porque era nuestra actividad familiar, mi hijo Jorge era el secretario y mi mujer, Alicia era la tesorera.

Con mi hijo además nos formamos como jueces de prueba de trabajo para Basset Hound, Spaniel Breton, Pointer, Setter y Kurzhaar. Me hice luego juez de estructura y belleza del Grupo 7,  después fui Juez Finalista Habilitado para juzgar Finales de Exposición.

 

 

 

¿Cómo lo eligen presidente de la FCA?

Corría el año 1977 cuando Ricardo Monteforte que era del Ovejero Alemán me llamó proponiéndome que sea presidente, al principio no quería, pero después me convencieron… (Risas) fue en ese momento cuando asumí mi primera presidencia, lamentablemente tuve que dejar de participar de las pruebas de campo.

En mi segunda presidencia, el tesorero era Fernando Steinbaum, él trabajaba en una financiera en la que un cliente no podía pagar su deuda y le ofrecía, para cancelar, una propiedad en la calle Luis Sáenz Peña 281. Inmediatamente Fernando me llamó y como no había tiempo compramos esa propiedad, sin autorización de una asamblea,  el 11 de mayo de 1984, con el compromiso de pagar en cuotas el saldo restante. Si la FCA no llegaba a cubrir las cuotas las debíamos pagar, como una donación, entre todos los de la Comisión Directiva. Pero no hizo falta porque organizamos exposiciones en el predio deportivo del Club Vélez Sarsfield y con lo recaudado cubrimos las cuotas, fue así como adquirimos la primera sede propia de la Federación Cinológica Argentina.

En la planta baja, se instaló la administración y en el fondo el Comité Ejecutivo, en el subsuelo se destinaron pequeños espacios para los clubes y como no había lugar para todos, los boxes eran compartidos alternando los días y horarios para la atención al público.

Miguel Ángel Martínez, que había ocupado varios cargos en el comité, había logrado una muy buena proyección internacional y es quién tiene el mérito de haber logrado el reconocimiento definitivo de la Federation Cynologique Internationale. Desde ese momento la recaudación de la FCA cambió y se convirtió en una institución muy rentable que permitía reinvertir.

 

 

 

¿Cuando deja su última presidencia?

En el año 1986 dejé la presidencia y me sucede Carlos Sammartino, de quien fui muy amigo. Fue en su presidencia que apareció la oportunidad de comprar un lugar impresionante donde había funcionado un depósito de telas. Le encargaron al Arquitecto Roberto Del Puerto que evaluara si el lugar era apto para construir la nueva sede de la FCA, una vez aprobado por el profesional, se compró ese lugar fantástico de la calle Moreno 1325, el cual, luego de una gran obra, se inauguró como la mejor sede canina de la época en Latinoamérica.

 

 

 

 ¿Cómo ve la actualidad?

Bien, me gusta, pero es muy distinta. Antes todo se hacia a puro corazón. Imagínese el sentimiento que teníamos cuando todo era difícil y juntábamos para pagar la luz, el teléfono y hasta para comprar la yerba mate. Hoy se ha profesionalizado demasiado y todo funciona distinto, hay otra economía y los sentimientos cambiaron. Igualmente cuando actualmente voy a una exposición, veo toda la inversión que se hace para que se vea muy lindo y me gusta.

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